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Sin la ciencia, nunca habría conocido la sonrisa de mis hijos 

Por | jueves, julio 23, 2015 Comenta, participa


Contemplo a mis hijos. Si ellos hubieran nacido en el Siglo XIX o incluso a principios del XX tal vez nunca habría conocido la sonrisa que me regalan mientras duermen. La ciencia medica ha avanzado a tal grado que incluso bebés prematuros con 480 gramos de peso han salido adelante y tienen una vida plena y feliz.

El avance de la ciencia es impresionante. Hoy los médicos han descubierto que los niños que padecen cáncer en etapas tempranas tienen mucho más posibilidades de superar a la enfermedad que incluso adultos sanos y hay logros de tal envergadura como el del caso del niño en Inglaterra que con la mitad del cerebro pudo tener vida con complicaciones menores.

Afortunadamente, estos avances no están circunscritos al primer mundo, aunque en buena medida el índice de casos médicos exitosos en dichas latitudes es mayor. No obstante, en México la ciencia médica también ha avanzado a pesar de los presuntos casos de negligencia denunciados en medios de comunicación.

Médicos del Seguro Social del área de Neonatología en el Unidad Hospitalaria 36, conocida popularmente como San Alejandro, han sacado adelante a neonatos con bajo peso, infecciones severas, síndromes o cualquier otra complicación de los prematuros.

Si bien hay fallecimientos, la lista de casos de éxito, de hombres y mujeres que parten felices a sus hogares con los hijos en los brazos son significativamente superiores. Solo por bebé, el número de especialistas que les observan es alrededor de cinco, considerando los médicos de los tres turnos de entre semana y los dos de fines de semana.

Si mis gemelos hubieran nacido en el siglo XIX, con su prematurez de 33 semanas sumada a la restricción de crecimiento, su probabilidad de vida sería ínfima. Pero en el siglo XXI el acceso a servicios como las incubadoras con tanques de oxígeno, monitores de ritmo cardiaco y respiratorio, temperatura ambiental, acceso a radiografías, transfusiones, antibióticos salvó su vida.

Pero para que el ser humano pudiera mirar los huesos y órganos de las personas tuvieron que transcurrir siglos de ciencia. El físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen descubrió los rayos X en 1895, producidos por la desaceleración de los electrones.

Así, aunque este maravilloso descubrimiento ocurrió en el ocaso del siglo XIX, la historia del mismo se remonta a la cuna del pensamiento mundial en el mediterráneo. Los antiguos griegos se percataron que el ámbar atraía pequeños objetos cuando se le frotaba contra el pelaje, así, la palabra “electrón” apareció en la historia de la humanidad.

Pocas veces los seres humanos del siglo XXI hacemos un ejercicio de retrospectiva para descubrir todo lo que tuvo que ocurrir para que esta sea nuestra realidad. Prendemos un televisor, calentamos una pizza en el microondas, o recibimos a nuestros hijos recién nacidos con todos los cuidados y olvidamos que ha sido gracias a la ciencia que la humanidad ha alcanzado el desarrollo actual.

Cada una de las conexiones que las ciencias aplicadas, las sociales o las económico-administrativas establecen, van tejiendo una nueva y mejor realidad para los seres humanos. Todas las ramas del conocimiento están vinculadas y unidas por la aplicación del método científico, de la inteligencia y la creatividad.

A mis hijos la ciencia les salvó, así que la historia de mi familia no comenzó el día que me casé, sino cuando un tal Hipócrates nació en la antigua Tesalia en el 460 AC.




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