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En 7: mitos sobre la multitarea que la neurociencia ya desmintió



 Contestar mensajes mientras se participa de una videollamada, escribir un correo con un podcast de fondo, revisar el celular durante una reunión: la multitarea se instaló como sinónimo de eficiencia en el mundo laboral, pero la neurociencia lleva años acumulando evidencia de que se trata, en realidad, de uno de los mitos cognitivos más costosos de la vida moderna. Repasamos siete de los malentendidos más comunes sobre cómo funciona realmente el cerebro cuando cree que está haciendo varias cosas a la vez.


El primer mito es el más básico: que el cerebro procesa tareas en paralelo. En realidad, salvo excepciones con procesos muy automatizados, el cerebro no ejecuta dos tareas complejas al mismo tiempo, sino que alterna entre ellas a gran velocidad mediante un mecanismo conocido como cambio de tarea o task switching, apagando las reglas mentales de una actividad para encender las de la otra.


El segundo mito es creer que ese cambio es gratuito. Cada alternancia implica un costo cognitivo real: un pequeño bloqueo mental y un tiempo de reenfoque que, sumado a lo largo del día, puede reducir la productividad general hasta en 40%, según estimaciones recientes sobre el impacto de las interrupciones constantes en el rendimiento.


El tercer mito sostiene que algunas personas simplemente son mejores multitarea que otras, casi como un talento natural. La evidencia sugiere lo contrario: quienes practican la multitarea de forma habitual no desarrollan una capacidad superior para gestionar varios frentes, sino una menor capacidad para filtrar información irrelevante, lo que los vuelve, paradójicamente, más vulnerables a la distracción.


El cuarto mito es pensar que la multitarea ahorra tiempo. En la práctica, terminar varias tareas a medias suele tomar más tiempo que completarlas una por una, porque cada retorno a una tarea interrumpida exige reconstruir el contexto mental que se había perdido.


El quinto mito es subestimar el costo emocional: la sobrecarga de estímulos mantiene al organismo en un estado de alerta sostenido, liberando cortisol de forma crónica, lo que a mediano plazo se traduce en mayor fatiga, irritabilidad y dificultad para concentrarse incluso en tareas simples.


El sexto mito es que desconectar la multitarea requiere fuerza de voluntad extraordinaria. Basta, según especialistas en gestión del tiempo, con rediseñar el entorno: silenciar notificaciones, agrupar tareas similares y bloquear períodos cortos para una sola actividad genera mejoras medibles sin depender del autocontrol.


El séptimo y último mito es el más persistente: que multitarea equivale a estar ocupado, y estar ocupado equivale a ser productivo. La evidencia de 2026 apunta en la dirección contraria: la verdadera productividad no consiste en hacer más cosas a la vez, sino en hacer una sola cosa mejor, dejando que el cerebro complete cada proceso antes de pasar al siguiente.


Fuentes: Workmeter, Asana, Fast Company México, Deia, Ciberpsicología.