Un polvo verde brillante, elaborado a partir de hojas de té finamente molidas en Japón durante siglos, se convirtió en 2026 en uno de los ingredientes más codiciados —y más escasos— de la industria global de alimentos y bebidas. El matcha, que hace una década era un nicho asociado casi exclusivamente a la ceremonia del té japonesa, hoy enfrenta una demanda que su cadena de producción tradicional no logra sostener.
Las cifras del mercado ilustran la magnitud del fenómeno: se proyecta que el mercado mundial de té matcha alcance los 3,800 millones de dólares para 2028, dentro de un mercado más amplio de bebidas funcionales valuado en 85,180 millones de dólares en 2026, con una tasa de crecimiento anual superior al 4.5%. Las bebidas funcionales —lattes listos para beber y mezclas en polvo— concentran más del 40% de toda la demanda de matcha, impulsadas por consumidores que buscan, según estudios de mercado citados por la industria, mejorar su inmunidad, energía e hidratación de forma simultánea al placer de consumir una bebida.
El atractivo del matcha combina varios factores que rara vez coinciden en un solo producto: un halo de salud respaldado por su contenido de L-teanina y antioxidantes, una estética instagrameable por su color verde vibrante, y una narrativa de tradición y autenticidad japonesa que conecta con la búsqueda de bienestar "clean label" que domina el consumo actual. Su expansión no se limita a las cafeterías: marcas de bebidas energéticas como Tenzing lanzaron fórmulas que combinan cafeína natural con L-teanina, matcha, té blanco y extracto de sakura, posicionándose explícitamente como herramientas de "concentración mental y balance diario" antes que como estimulantes tradicionales, mientras que cervecerías artesanales de distintos países ya experimentan con matcha e hibisco para atraer al perfil de consumidor "mindful drinker": personas que buscan experiencias sensoriales complejas sin necesariamente buscar embriagarse.
El problema, cada vez más documentado por la propia industria, es que la demanda global creció más rápido de lo que el cultivo tradicional japonés puede sostener: el proceso de sombreado, cosecha y molienda fina que distingue al matcha auténtico de otros tés verdes en polvo es lento y geográficamente concentrado, lo que ha generado episodios recurrentes de escasez y presión sobre los precios en los últimos dos años. La industria alimentaria enfrenta ahora el reto de equilibrar autenticidad y disponibilidad —sostener el crecimiento de la categoría sin comprometer la calidad ni la seguridad del suministro—, un dilema que empieza a repetirse con otros ingredientes de moda que pasan, casi de la noche a la mañana, de curiosidad de nicho a fenómeno de consumo masivo global.
Fuentes: Infobae, Cancillería Argentina, Merca20, Grupo Blumos, Business Research Insights, AmericaMalls & Retail.
