Desde que Daniel Goleman popularizó el concepto en 1995, "inteligencia emocional" se convirtió en una de las frases más repetidas —y más malinterpretadas— del vocabulario de autoayuda y desarrollo profesional contemporáneo. Psicólogos especializados en el tema, incluyendo a los propios creadores académicos del concepto, Peter Salovey y John Mayer, han identificado una serie de creencias populares que distorsionan su significado original. Estos son siete de los más comunes:
- "Es una habilidad exclusiva de líderes y profesionales de alto nivel." La inteligencia emocional es relevante para cualquier persona, sin importar su rol o jerarquía: abarca la autoconciencia, la autorregulación, la motivación y las habilidades sociales aplicables a cualquier ámbito de la vida, no solo al liderazgo corporativo.
- "Es lo mismo que la empatía." Aunque están relacionadas, no son sinónimos. La empatía es específicamente la capacidad de entender y compartir los sentimientos de otra persona; la inteligencia emocional es un conjunto más amplio de competencias que incluye, además, cómo se gestionan las propias emociones.
- "Significa estar siempre contento o en calma." Uno de los mitos más extendidos, y potencialmente más dañinos: confundir la inteligencia emocional con la satisfacción permanente solo puede conducir a la frustración, ya que ignora que emociones incómodas como la tristeza o la frustración son respuestas normales ante situaciones extraordinarias, no fallas a corregir.
- "Es innata y no puede desarrollarse." Aunque algunas personas pueden tener una predisposición natural mayor, la evidencia muestra que las habilidades emocionales se aprenden y mejoran con práctica deliberada a lo largo de la vida, igual que cualquier otra competencia.
- "Ser emocionalmente inteligente implica no mostrar emociones negativas." Todo lo contrario: implica reconocer y expresar esas emociones de manera constructiva, no suprimirlas ni negarlas. La supresión emocional sistemática, de hecho, se asocia con peores resultados de salud mental a largo plazo.
- "Solo sirve para resolver conflictos." Su alcance real es mucho más amplio: incide en la comunicación efectiva, la toma de decisiones, el liderazgo, la construcción de relaciones significativas y el bienestar general, no únicamente en la gestión de desacuerdos puntuales.
- "Se puede medir con precisión mediante un test." Las herramientas de evaluación de inteligencia emocional presentan limitaciones metodológicas reconocidas: entre otras razones, solo las personas ya emocionalmente conscientes pueden responder con precisión preguntas sobre su propia inteligencia emocional, lo que introduce un sesgo estructural difícil de evitar en cualquier autoevaluación.
Especialistas coinciden en que, más allá de estos mitos, la evidencia sí respalda una relación consistente entre mayor inteligencia emocional y mejor salud mental, menor riesgo de ansiedad y depresión, y mayor capacidad para sostener relaciones interpersonales duraderas.
Fuentes: UAM Blog, INESEM, Escuela de las Emociones, Sunrise Counseling, Kpa, La Nación (Argentina).
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