Mover el cuerpo para sanar la mente: lo que la evidencia científica más sólida dice sobre el ejercicio y la depresión - SIETE 24

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Mover el cuerpo para sanar la mente: lo que la evidencia científica más sólida dice sobre el ejercicio y la depresión




Durante décadas, el ejercicio físico ocupó un lugar secundario en el tratamiento de la depresión: una recomendación de sentido común, útil pero no comparable a la terapia o los fármacos. La evidencia científica acumulada hacia 2026 obliga a revisar esa jerarquía. Una revisión Cochrane —el estándar de referencia en medicina basada en evidencia— que analizó 73 ensayos clínicos con casi 5,000 adultos con depresión concluyó que el ejercicio reduce los síntomas depresivos en una medida similar a la psicoterapia, y muestra un efecto comparable al de los antidepresivos, aunque con menor certeza estadística en esta última comparación.

El mecanismo biológico detrás de este efecto ya está bien documentado: el ejercicio incrementa la producción de serotonina y norepinefrina, los mismos neurotransmisores vinculados al estado de ánimo que constituyen el blanco terapéutico de los antidepresivos clásicos. Un metaanálisis publicado en el Journal of Psychiatric Research, liderado por el investigador Felipe Schuch, encontró un tamaño de efecto de -1.11 sobre los síntomas depresivos —en investigación clínica, cualquier valor superior a 0.8 se considera un efecto "grande"—, una magnitud que iguala o supera los efectos típicos reportados para la farmacoterapia. Una revisión posterior publicada en el British Medical Journal, que agrupó 218 estudios con más de 14,000 participantes, confirmó que caminar, trotar, el yoga y el entrenamiento de fuerza reducen significativamente la depresión, con beneficios proporcionales a la intensidad del ejercicio.

Los detalles del "cómo" resultan tan relevantes como el "qué": ningún tipo de ejercicio demostró ser claramente superior a los demás, aunque los programas mixtos y el entrenamiento de fuerza parecieron ligeramente más efectivos que el ejercicio aeróbico aislado. La intensidad también importa de forma contraintuitiva: el ejercicio de intensidad leve a moderada resultó más beneficioso que el entrenamiento intenso, y realizar entre 13 y 36 sesiones se asoció con las mejorías más consistentes. Los efectos secundarios documentados fueron mínimos —lesiones musculoesqueléticas ocasionales—, comparados con los efectos típicos de la medicación, como fatiga y problemas digestivos.

Pese a esta base empírica sólida, los propios investigadores de la revisión Cochrane, de la Universidad de Lancashire, advierten que el ejercicio sigue siendo una opción marginal en las guías clínicas de tratamiento, en un contexto donde la depresión y la ansiedad afectan de forma combinada a más de 330 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Ningún especialista serio plantea el ejercicio como sustituto de la atención profesional en casos moderados o graves, sino como un complemento respaldado por evidencia tan sólida como la de otras intervenciones ya establecidas —y considerablemente más accesible y económico que la mayoría de ellas—.

Nota: este contenido es informativo y no constituye una recomendación médica individual. Ante síntomas de depresión o ansiedad, lo indicado es consultar con un profesional de salud.

Fuentes: Cochrane Iberoamérica, Infobae (x2), GetFitCraft.