El estrés tiene mala fama casi universal, pero la ciencia que lo estudia hace más de medio siglo —desde que el endocrinólogo húngaro Hans Selye acuñara el término "eustrés" en los años setenta— pinta un panorama bastante más matizado que "el estrés es malo y hay que eliminarlo por completo". Estos son siete mitos comunes sobre el tema, y lo que la evidencia realmente muestra
1. "Todo el estrés es dañino." Es, probablemente, el mito más extendido. Selye ya distinguía entre el distrés —el estrés crónico y sostenido que agota el organismo— y el eustrés, la activación aguda ante un desafío que moviliza recursos, mejora la concentración y puede fortalecer, en dosis adecuadas, la respuesta adaptativa del sistema nervioso. El propio estrés que sentimos antes de un examen o una presentación importante puede mejorar el rendimiento, no solo perjudicarlo.
2. "Si no hay síntomas visibles, no hay estrés." Las primeras etapas del estrés suelen cursar de manera asintomática. Los síntomas físicos más reconocibles —cansancio persistente, problemas gastrointestinales, afecciones dermatológicas— aparecen tarde, cuando el organismo ya lleva meses o años bajo una carga sostenida de activación.
3. "El estrés afecta a todos por igual ante los mismos hechos." La evidencia en psicología cognitiva muestra que no son los eventos externos en sí los que generan estrés, sino la interpretación subjetiva que cada persona hace de ellos. Dos personas frente a la misma circunstancia —una entrevista laboral, un cambio de ciudad— pueden experimentar niveles de estrés radicalmente distintos según cómo evalúen esa situación y los recursos que sientan tener para afrontarla.
4. "El estrés es una señal de debilidad personal que se controla con fuerza de voluntad." Es fisiológicamente inexacto: el estrés es una respuesta automática del sistema nervioso autónomo, diseñada evolutivamente para proteger al organismo, no una elección consciente ni un fallo de carácter. El sistema nervioso no responde a la orden directa de "relajarse"; necesita señales corporales concretas —respiración controlada, movimiento, contacto social— que le indiquen que el peligro ya pasó.
5. "El eustrés y el distrés son estados completamente separados." En realidad, un mismo desafío puede transformarse de uno en otro según su duración: la activación aguda y motivadora del eustrés, si se prolonga demasiado en el tiempo sin descanso ni resolución, puede convertirse en el desgaste crónico característico del distrés.
6. "Basta con pensar positivo para reducir el estrés." Las técnicas puramente cognitivas —"pensar en cosas bonitas"— no bastan por sí solas cuando el sistema nervioso está en modo de alerta sostenida. Intervenciones corporales como la respiración consciente, el movimiento somático o la meditación funcionan porque envían al organismo información fisiológica real de seguridad, no solo un cambio de narrativa mental.
7. "El cortisol es simplemente 'la hormona mala' que hay que eliminar." El cortisol cumple funciones fisiológicas esenciales —regula el metabolismo, la inflamación y la respuesta inmune— y solo se vuelve problemático cuando permanece elevado de forma crónica, no cuando se libera puntualmente ante un desafío agudo real.
Fuentes: El Diario NY, Rincón de la Psicología, Perfil (x2), Psicología y Mente, Maite Valderas, MDZ Online.
