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Turismo del sueño: viajar para dormir bien



Hubo un tiempo en que las vacaciones se medían por la cantidad de lugares visitados. Hoy crece una tendencia que invierte esa lógica: viajar para dormir. El llamado "turismo del sueño" (*sleep tourism*) ha pasado de ser una curiosidad de spas de lujo a una categoría que las grandes cadenas hoteleras tratan como estratégica. Su promesa es sencilla y muy atractiva en un mundo agotado: volver a casa realmente descansado.


Los datos de la industria muestran el interés. El informe de tendencias 2025 de Hilton, basado en una encuesta de Ipsos a 13.000 viajeros de 13 países, encontró que más de la mitad de los encuestados duerme mejor en un hotel que en su casa, y que dos de cada cinco eligen alojamiento pensando en la calidad de su descanso. Más de una cuarta parte planeaba reservar algún tratamiento de spa orientado a dormir mejor, y uno de cada cinco confesaba practicar el *hurkle-durkling*, una vieja palabra escocesa para quedarse remoloneando en la cama mucho después de la hora de levantarse.


La oferta se ha sofisticado. Más allá de los menús de almohadas y las cortinas opacas, algunos hoteles incluyen iluminación que imita el ritmo circadiano, insonorización especial, colchones inteligentes que regulan la temperatura, monitoreo biométrico y hasta "conserjes del sueño". Equinox Hotels, en Nueva York, ofrece un programa de sueño con coaching personalizado, mientras que resorts como el Carillon de Miami combinan baños de flotación, cápsulas de meditación y terapias con luz infrarroja. Hilton incluso contrató como asesora a Rebecca Robbins, científica del sueño del Hospital Brigham and Women's.


Las cifras de mercado deben tomarse con cautela. Las consultoras ofrecen estimaciones muy dispares sobre el tamaño del turismo del sueño, que van desde unos 70.000 millones de dólares hasta cifras varias veces mayores, porque cada una define la categoría de forma diferente. Lo que sí parece claro es que forma parte de una "economía del sueño" más amplia, que incluye dispositivos, suplementos, colchones y aplicaciones, y que algunas estimaciones sitúan en torno a los 585.000 millones de dólares a nivel global.


La tendencia tiene matices que conviene conocer. El primero es científico: la primera noche en un lugar nuevo suele dormirse peor. Investigaciones de la Universidad de Brown mostraron que una parte del cerebro se mantiene más alerta en entornos desconocidos, un mecanismo de vigilancia heredado. Por eso un retiro de sueño de una sola noche rinde menos de lo que promete. El segundo es el riesgo de la obsesión: los especialistas describen la "ortosomnia", una preocupación excesiva por las métricas de los rastreadores de sueño que, paradójicamente, genera ansiedad e insomnio. Estos dispositivos no miden con precisión las fases del sueño ni pueden diagnosticar trastornos como la apnea.


El tercer matiz es social. La iniciativa sobre el sueño del Global Wellness Institute advirtió en su informe de tendencias para 2026 que el auge del turismo del sueño revela una "brecha del sueño": dormir bien se está volviendo un bien de lujo, mientras millones de personas duermen mal por jornadas laborales extensas, ruido urbano, calor extremo o viviendas precarias.


Quizá la lección más útil del turismo del sueño no está en el hotel, sino en lo que enseña sobre el propio hogar. Oscuridad, silencio, temperatura fresca, horarios regulares y menos pantallas antes de acostarse son las mismas recomendaciones que la medicina del sueño repite desde hace décadas. Viajar puede ser un buen recordatorio, pero el descanso duradero se construye en casa.


**Fuentes:** Hilton 2025 Trends Report (Ipsos); Current Biology (Tamaki et al., 2016, Universidad de Brown); Hotel Management; Travel Agent Central; Skin Inc.; Global Wellness Institute (Sleep Initiative Trends 2025 y 2026); AAA; Good Morning America; Hotel Online; Credence Research; U.S. Chamber of Commerce (CO—); Tom's Guide; Forbes Argentina.