Olvidar dónde dejaste las llaves o el nombre de alguien que acabas de conocer es universal, y también frustrante. La buena noticia, según neurocientíficos consultados por National Geographic y otros especialistas en cognición, es que la memoria no es un rasgo fijo determinado únicamente por la genética: puede entrenarse con hábitos concretos, respaldados por evidencia. Estos son siete de los más citados por la ciencia actual:
1. Aprender algo genuinamente nuevo. Estudiar un idioma, aprender a tocar un instrumento o incluso cambiar la ruta habitual para ir al trabajo obliga al cerebro a formar nuevas conexiones neuronales, según recomendaciones del Centro de Neurología Avanzada de España. La novedad, más que la repetición, es lo que estimula la plasticidad cerebral.
2. Crear conexiones significativas con la información nueva. El neurocientífico Charan Ranganath, de la Universidad de California, explica que el cerebro retiene mucho mejor aquello que puede vincular con conocimientos o experiencias previas —asociar el nombre de alguien con una persona ya conocida, por ejemplo— que la información aislada y sin contexto.
3. Usar mnemotecnia para lo que carece de sentido inherente. Cuando los datos no tienen una lógica propia —una lista de compras, una secuencia de números—, técnicas como acrónimos, rimas o el clásico "palacio de la memoria" —asociar cada elemento con un lugar físico familiar y recorrerlo mentalmente— mejoran significativamente la retención, según el psicólogo Daniel Willingham, de la Universidad de Virginia.
4. Dormir lo suficiente, de forma consistente. El sueño no es tiempo perdido para la memoria: es cuando el cerebro consolida lo aprendido durante el día y lo transfiere a la memoria de largo plazo, según el neurocientífico Michael Hasselmo, de la Universidad de Boston.
5. Espaciar el estudio en lugar de concentrarlo. Sesiones de estudio más breves y distribuidas en varios días mejoran la retención de información mucho más que sesiones largas y concentradas en un solo momento, un hallazgo consistente en investigación sobre aprendizaje.
6. Hacer ejercicio físico regular. El ejercicio aumenta el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que ayuda a las neuronas a sobrevivir y potencia tanto el aprendizaje como la memoria, según investigación del Instituto Salk de Estudios Biológicos, que también vincula la fuerza muscular con un menor riesgo de deterioro cognitivo asociado a la edad.
7. Evitar la multitarea al aprender algo importante. La evidencia científica es consistente en este punto: alternar entre tareas mientras se intenta memorizar algo reduce significativamente la calidad de la retención, porque fragmenta los recursos cognitivos que el cerebro necesita para consolidar la información nueva.
Ningún hábito de esta lista funciona de forma aislada ni sustituye la atención médica ante problemas de memoria persistentes, pero en conjunto explican buena parte de la diferencia entre un cerebro que se mantiene ágil con los años y otro que se deteriora antes de lo esperado.
Fuentes: La Nación (Costa Rica), La Tercera, Infobae, National Geographic en español, Instituto Salk, UI1 (Universidad Isabel I).