Gloria Mark, profesora de informática en la Universidad de California en Irvine, lleva más de dos décadas midiendo algo que suena simple pero es metodológicamente complejo: cuánto tiempo, en promedio, una persona mantiene su atención en una sola pantalla antes de cambiar a otra cosa. Cuando comenzó su investigación en 2003, esa cifra era de dos minutos y medio. Sus mediciones más recientes, corroboradas por múltiples estudios independientes entre 2014 y 2020, la sitúan en apenas 47 segundos —con réplicas que encuentran cifras de entre 40 y 50 segundos según el estudio—.
El hallazgo va más allá del simple lapso de atención. Mark descubrió que, después de una sola interrupción, las personas necesitan en promedio 23 minutos y 15 segundos para regresar por completo a la tarea original, un dato que ayuda a explicar por qué jornadas laborales aparentemente productivas terminan generando una sensación de agotamiento sin haber completado gran cosa. Investigadores de la Universidad de Pittsburgh han vinculado esta fragmentación constante de la atención no solo con caídas de productividad, sino con incrementos medibles en ansiedad y estrés cotidiano.
Sin embargo, el propio campo de la neurociencia está lejos de tener un consenso simple sobre las causas y soluciones de este fenómeno. Voces como la de James Williams —uno de los llamados "filósofos de la atención" más influyentes— cuestionan que la solución dependa de la fuerza de voluntad individual: sostiene que responsabilizar a cada persona de "dejar el celular" ignora que son los cambios en el entorno digital, diseñado deliberadamente para captar atención, los que realmente determinan el resultado. En sentido similar, investigación del Centro de Atención del King's College complica el relato catastrofista: según su encuesta, 42% de los usuarios utiliza múltiples pantallas de forma que consideran positiva, y 60% afirma que tener varias fuentes de información simultáneas le ayuda a resolver problemas en el trabajo, cuestionando la idea de que toda multitarea es necesariamente perjudicial.
Lo que sí tiene amplio respaldo científico es que la multitarea real —procesar dos tareas cognitivamente exigentes al mismo tiempo— no existe como tal: el cerebro alterna rápidamente entre tareas en lugar de procesarlas en paralelo, lo que genera un costo cognitivo medible en errores y tiempo perdido. Frente a este diagnóstico, la propia Gloria Mark no propone la abstinencia digital total, sino una estrategia que ella llama "bloques de enfoque": periodos protegidos, alineados con los ciclos naturales de alerta y fatiga de cada persona —su cronotipo—, dedicados a una sola tarea compleja sin interrupciones. El escritor Johann Hari, autor de "El valor de la atención", va un paso más allá y compara la magnitud del desafío con la de un movimiento social: sostiene que recuperar la capacidad colectiva de concentración requerirá un esfuerzo coordinado comparable al del movimiento feminista, no una simple decisión personal de usar menos el teléfono.
Fuentes: Xataka, Infobae, La Nación (Argentina), Asociación DigitalES, SpeakWise, National Geographic en español.