Casi todos hemos discutido con alguien sobre cómo ocurrió algo que ambos "recordamos con claridad". La explicación suele estar en cómo funciona la memoria. Según un artículo de investigadores de la UNED publicado en La Tercera en octubre de 2023, la memoria no solo olvida: también puede alterar recuerdos que ya existían, desde detalles menores hasta distorsiones con consecuencias graves. Vale una precisión sobre el enfoque: los estudios que se reseñan aquí son de psicología cognitiva, no de imágenes cerebrales, de modo que describen el comportamiento de la memoria más que sus mecanismos neuronales.
La idea de base es antigua. El psicólogo Frederic Bartlett planteó en 1932 que los recuerdos no son copias literales de la realidad. Según los autores, se guardan fragmentos de un hecho, sobre todo los que nos conmueven, y al evocarlo se combinan con experiencias parecidas y se rellenan los huecos con inferencias. Por eso la memoria es reconstructiva: cada vez que se recuerda, se vuelve a armar.
El experimento más conocido es de Elizabeth Loftus, de 1974. Según los dos artículos consultados, se mostró a estudiantes videos de accidentes de tráfico y se les preguntó por la velocidad usando verbos distintos. Verbos más fuertes, como "aplastar", produjeron estimaciones más altas que otros más suaves, como "rozar". Días después, el grupo "aplastar" recordó haber visto vidrios rotos, que no aparecían en los videos, con el doble de frecuencia. The Objective atribuye el estudio solo a Loftus; no menciona a otros coautores.
Otros experimentos muestran que se pueden sembrar recuerdos completos. Según La Tercera, Loftus logró que varios adultos creyeran que de niños se habían perdido en un centro comercial, solo con detalles inventados; el artículo no indica qué porcentaje lo creyó, así que no se puede dar esa cifra. Fotografías manipuladas también sirvieron para generar el recuerdo de un paseo en globo aerostático que nunca ocurrió, y la hipnosis puede inducir recuerdos de hechos no vividos y aumentar la confianza en ellos. Es decir, la confianza que sentimos no es una buena medida de la exactitud.
Las consecuencias más serias son legales. Según los autores, sugerir información sesgada a un testigo puede causar daños graves, y mencionan casos en Estados Unidos de personas condenadas por delitos que no cometieron por distorsiones en los testimonios o por técnicas de interrogatorio inadecuadas, aunque no dan cifras. Un ejemplo es el caso de Susan Nason, una niña asesinada en 1969 en California: en 1989, su amiga de infancia Eileen Franklin acusó a su padre, George Franklin, sobre la base de recuerdos recuperados años después; fue condenado y absuelto en 1996 tras surgir dudas sobre ese testimonio.
La conclusión de los autores es matizada, y es importante no caer en la exageración contraria. La memoria funciona bien en la mayoría de las situaciones y su carácter reconstructivo nos ayuda a entender el entorno, pero también la vuelve frágil y maleable. Un buen hábito, por lógica y no por un estudio concreto, es tratar un recuerdo muy vívido como una hipótesis, sobre todo cuando se trata de hechos que tendrán consecuencias para otros. Ambas fuentes son divulgativas, de 2023, y no entran en los debates posteriores de la investigación.
**Fuentes:** La Tercera (Por qué nos acordamos de cosas que nunca sucedieron: así se crean los falsos recuerdos, artículo de la UNED, octubre de 2023); The Objective (¿Y si recordamos cosas que nunca sucedieron?, octubre de 2023, publicado originalmente en The Conversation).
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