"Ya es octubre otra vez." Casi todos los adultos han sentido que los años se aceleran, mientras que la infancia parecía interminable. Es una sensación subjetiva, pero la neurociencia ha empezado a estudiarla con instrumentos concretos, y los resultados apuntan menos a una explicación única que a varias piezas que encajan.
Un estudio publicado en Communications Biology en septiembre de 2025, según un reportaje de La Nación de Costa Rica, analizó con resonancia magnética funcional la actividad cerebral de 577 personas de entre 18 y 88 años mientras veían un fragmento de ocho minutos de la serie Alfred Hitchcock Presents. Un algoritmo identificó los momentos en que el cerebro pasa de un estado neural a otro, lo que refleja el cierre de un evento y el inicio del siguiente. Las personas de mayor edad mostraron menos transiciones en el mismo lapso, es decir, registraron menos eventos.
La hipótesis es que cuantos más eventos se perciben, más largo se recuerda un periodo. Con menos eventos, el mismo tiempo se recuerda como más corto, lo que explicaría la aceleración. Los autores vinculan ese patrón con la desdiferenciación neural, una pérdida natural de especialización de las regiones cerebrales con la edad, incluso sin enfermedades, que se asocia con cambios en la memoria y en la velocidad de procesamiento. La capacidad de identificar bloques amplios de eventos se mantiene bastante estable; lo que disminuye es la cantidad de eventos finos que registra el cerebro.
Otras explicaciones circulan en la divulgación. Un artículo de Earth.com, que cita al investigador Marc Wittmann, destaca el papel de la novedad: en la infancia hay muchas primeras veces y el cerebro las marca para guardarlas, mientras que en la vida adulta predominan las rutinas, que dejan menos huella. También menciona que la falta de sueño y los hábitos pasivos, como desplazarse por contenidos repetitivos, reducen lo que se queda en la memoria, y cita un estudio de realidad virtual de 2024 en el que voluntarios mayores subestimaron intervalos cortos en cerca de 15 %. Ese reportaje no detalla muestras ni métodos, y explicaciones como la de las "fotos por segundo" son analogías, no hallazgos probados.
Las limitaciones son claras. El estudio de Communications Biology midió la percepción subjetiva del tiempo con un solo estímulo audiovisual, y según el reportaje no establece una relación causal directa entre menos transiciones neurales y la sensación de aceleración; la plantea como explicación plausible. Las conclusiones son sugerentes, no definitivas. Tampoco todas las personas mayores sienten lo mismo: se menciona que quienes siguen aprendiendo y mantienen vida social activa conservarían un sentido del tiempo más agudo, pero eso se basa en el reportaje y no en un estudio detallado.
¿Hay algo que hacer? La investigadora Linda Geerligs, de la Universidad de Radboud, sugiere que mantenerse expuesto a experiencias nuevas podría ampliar la percepción del tiempo; se mencionan aprender, viajar o participar en actividades novedosas y mantener interacciones sociales significativas. No es una receta probada, pero encaja con la lógica del hallazgo: si lo que cuenta es cuántos eventos distintos registra la memoria, romper la rutina de vez en cuando parece una apuesta razonable.
**Fuentes:** La Nación (Costa Rica), reportaje sobre el estudio de Communications Biology de 2025 acerca de la percepción del tiempo; Earth.com (Scientists explain why time seems to move faster as we age).
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