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martes, enero 13, 2026

El cerebro enamorado: cuando las moléculas deciden por nosotros

Enamorarse siempre se ha contado como un acto de voluntad, destino o magia, pero el doctor en Genética y Biología Celular Miguel Pita propone otro relato mucho menos romántico y bastante más inquietante. 


En su libro El cerebro enamorado sostiene que el flechazo es, ante todo, un proceso bioquímico complejo e incontrolable, donde apenas decidimos nada: ni de quién, ni cómo, ni cuándo nos enamoramos. En palabras del propio Pita, el amor es uno de los ámbitos donde resulta más fácil aceptar que no existe libre albedrío.

El ensayo, publicado por Periférica, se sitúa “en las antípodas de la autoayuda”. No ofrece trucos para conquistar a nadie ni recetas para superar un desamor: lo que hace es traducir dinámicas neuronales y moleculares a un lenguaje comprensible, a través de la historia de ficción de Raquel e Íñigo. En ese viaje, la dopamina, la oxitocina y la serotonina se convierten en personajes secundarios que explican por qué dos desconocidos terminan sincronizando su vida, por qué sufren cuando se separan y cómo el cerebro orquesta ese baile sin pedir permiso al yo consciente.

Para Pita, el enamoramiento es una “tormenta de moléculas” que prepara el cerebro para el vínculo… y para el golpe del desamor. Otros trabajos suyos describen cómo se activan mecanismos similares a los de ciertas drogas recreativas: se multiplican receptores en los circuitos de recompensa, se genera una obsesión con el objeto del deseo y, en ausencia de la persona amada, esas mismas rutas castigan con ansiedad y malestar. El amor juega, dice, “con dos cartas: el premio del placer y el castigo del dolor”, al servicio de una lógica evolutiva que empuja a mantener la pareja.

La idea más provocadora del libro es la del “retrato robot” inconsciente. Según Pita, en la “caja negra” del cerebro habita una lista invisible de características físicas, psicológicas y sociales que definen a nuestra persona ideal. No tenemos acceso consciente a esa lista, no podemos enumerarla ni modificarla a voluntad, pero cuando alguien coincide con suficientes ítems —y nuestro estado fisiológico es el adecuado— se dispara el enamoramiento. Por eso el científico afirma que “estamos predestinados para un tipo de persona”, aunque esa predisposición vaya cambiando a lo largo de la vida.

A esa arquitectura se suma la fuerza del placer anticipatorio, una de las capacidades más singulares de nuestra especie. Disfrutamos no sólo del encuentro, sino de imaginarlo: el mensaje que llega, la cita que se aproxima, la promesa de algo mejor. Ese placer de anticipo, recuerda Pita, es poderoso pero también perverso: se agota cuando se cumple y obliga a buscar nuevos estímulos que lo reactiven. Algunas personas quedan atrapadas justamente ahí, enganchadas a la euforia inicial del amor romántico y menos preparadas para transitar hacia la calma del amor maduro.

Cuando llega la ruptura, el sufrimiento tampoco es sólo “psicológico” en el sentido coloquial: es un proceso cerebral organizado. Durante el enamoramiento, el cerebro construye una arquitectura de receptores y circuitos destinada a mantener la conexión; en el desamor, esa misma estructura se vuelve contra nosotros. Las moléculas del malestar tocan una y otra vez a la puerta de neuronas hipersensibilizadas, prolongando la angustia hasta que, con el tiempo, el sistema empieza a desmontar esa red. Dicho de otro modo: el viejo consejo de que “el tiempo lo cura todo” tiene detrás una coreografía lenta de poda y reajuste neuronal.

¿Dónde queda entonces nuestra libertad? Pita sugiere una distinción incómoda: no elegimos de quién nos enamoramos, pero sí podemos decidir qué hacer con eso que nos ocurre. Nadie sale a la calle diciendo “esta semana me enamoro”, del mismo modo que nadie puede forzarse a sentir algo que no siente; sin embargo, sí elegimos cómo actuamos frente a ese impulso, qué límites ponemos, qué proyectos construimos —o no— a partir de ese vínculo. El amor, visto desde la neurociencia, no destruye por completo el libre albedrío, pero lo reubica: la biología decide el disparo, la cultura y la conciencia negocian el desenlace.

Con información de la entrevista a Miguel Pita, “El científico que sabe por qué surge el amor: ‘Estamos predestinados para un tipo de persona’”, publicada en El Confidencial (26/11/2025), y de la entrevista en El País “Miguel Pita, genetista: ‘En el enamoramiento se activan mecanismos para que sufras en el desamor’” (09/11/2025).

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